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La extensa y sólida trayectoria musical del cantante puertorriqueño se puede sintetizar en una palabra: irrepetible.

Suele ser acertado el nombre de su más reciente producción discográfica, Irrepetible, porque la trayectoria del Caballero de la Salsa ha estado salpicada de momentos y proyectos difíciles de repetir.

Su fructífera ruta musical, su  consistencia como uno de los intérpretes que más se escuchan en la radio, su incursión en la actuación y sus múltiples reconocimientos en la industria del disco, hacen de Gilbertito un artista de constante innovación.

Y esa innovación la hace patente con Irrepetible, una producción musical de sabrosos temas en los que nuevamente vuelve a sorprender a su público al dejarse acompañar por la baladista boricua Kany García, el merenguero dominicano Johnny Ventura y el cantautor panameño Rubén Blades, junto a quien interpreta por primera vez un tema de contenido social, el grupo venezolano Guaco y el cantante colombiano Felipe “Pipe” Pelaez.

Con Irrepetible, afianza su personalidad artística y musical como un cantante de gran diversidad musical que logra un álbum con una base rítmica muy rica para el gusto del seguidor de la salsa, su género por excelencia, pero igualmente sonoro y romántico para los demás públicos que lo siguen.

reveló su vínculo inquebrantable con la a muy temprana edad. Desde niño solía imaginarse en un importante escenario después de apreciar por televisión las actuaciones de El Gran Combo de Puerto Rico, quien junto con su poderosa orquesta deleitaba al público que sintonizaba el emblemático programa “El show de las 12” que se transmitía en su natal Puerto Rico.

Nacido el 21 de agosto de 1962 en el pueblo de Carolina, Puerto Rico, sus estudios primarios los cursó en la escuela elemental Ángel Ramos, donde tuvo sus primeras apariciones artísticas. En esa época, su corta edad no lo apartaba de la fuerte oferta salsera de los años 60.

Seguro de sus aspiraciones musicales, en su adolescencia se sumó a la matrícula de la Escuela Libre de de San Juan y aunque se formó en el saxofón y trompeta, su anhelo de cantar era el objetivo. Fue el 6 de enero de 1975 cuando se presentó como vocalista en un especial navideño. Esa aparición por medio de la pantalla chica marcaría el inicio de una espléndida carrera musical de más de tres décadas.

El cantante formó parte de la orquesta juvenil La Potencia, en la que estableció amistad con Marito, cuyo padre era el destacado trompetista Mario Ortiz. Este músico identificó el maravilloso talento de Gilbertito y lo llevó de la mano hasta su primera producción discográfica, “Borinquen Flame”, con sólo 14 años de edad.  Comprometido con labrarse un futuro prometedor en la salsa, lo llevó a aceptar la invitación del director de la orquesta La Grande con quienes grabó en el álbum “We Love New York” con los temas “Busca lo tuyo”, “Satisfacción” y “Tu indiferencia” (siendo el último de su inspiración). Su presencia en la orquesta La Grande durante dos años, así como sus participaciones con las agrupaciones de Don Perigñon, Fantasía Boricua de Manolito Rodríguez y la Puerto Rico All Star de Tommy Olivencia, ubicó al joven boricua en un importante sitial en el movimiento salsero de la década de los 70.

En el asomo de la década del 80, guiado por sus inquietudes artísticas, se une a la orquesta de Willie Rosario en 1981. Este movimiento lo consolidó como una de las nuevas voces de la salsa tanto en Puerto Rico como en el mercado internacional. La unión con Willie Rosario le sumó éxitos musicales como “Lluvia” y “Botaron la pelota”, que han trascendido los tiempos.

Su camino como solista se asegura en la segunda mitad de la década de 1980, época en que se le dio a conocer con el título de El Caballero de la Salsa, que le concedió el locutor Rolando Sánchez “El Pachá”. Su estilo único como artista tropical se apreció por medio de los álbumes “Salsa en movimiento”, “Keeping Cool”, “Good Vibrations” y “De amor y salsa”, bajo el sello Combo Records.

A partir de 1990, se incorpora a la multinacional Sony (actualmente Sony Musc Entertainment Latin) con la que ha labrado casi una veintena de discos, entre ellos, “Perspectiva” (1991); “A dos tiempos de un tiempo” (1992); “Esencia” (1996); “Expresión” (1999); “Intenso” (2001), “Sólo boleros” (2003), “Auténtico” (2004), “Directo al corazón” (2006), “Contraste” (2007, reconocido por la Asociación Americana de la Industria de la Grabación “RIAA” por su éxito en ventas) y “Una Navidad con Gilberto” (2008).

La elegancia musical y el estilo de Gilberto Santa Rosa lo ha convertido en una de las figuras prominentes del ambiente de la popular. Sus múltiples galardones en la industria del disco refirman su vigencia a través de los años, entre ellos el Grammy Latino 2006 y el Grammy anglosajón en el 2007, no obstante para el artista no hay mejor galardón que el respaldo consistente del público.

Pero no ha sido solo la música el mayor activo de su carrera, la capacidad para diversificarse con la incursión en el teatro lo lleva a lograr uno de los éxitos más grandes de su carrera, obra de Neil Simon La Pareja Dispareja en el 1990, por la que obtuvo extraordinarias críticas, posteriormente la obra se repone en el 2006 repitiendo el éxito de su puesta en escena original.  Pero, sin duda, su mayor reto actoral fue estelarizar la pieza “La verdadera historia de Pedro Navaja”, en noviembre de 2003. Bajo la dirección de Pablo Cabrera, el cantante le dio vida a un seductor gánster que pensó su colega panameño Rubén Blades, cuando escribió la canción Pedro Navaja. En un mismo escenario, Gilberto combinó su versatilidad y repitió la aclamación no solo de su público sino de los críticos teatrales.

En el 2006, su fructífera carrera tomó un nuevo giro al estrenarse en las ondas radiales con el programa “Camínalo” de la emisora Z-93 del conglomerado radial SBS. Desde esta prestigiosa plataforma radial, el multifacético artista ofreció una variada oferta musical, comentarios y entrevistas.

Venezuela es uno de los países que más ha aplaudido a esta figura estelar de la música popular caribeña. Muestra de ello fue la brillante acogida que tuvo la puesta de la obra musical “Sinfonía de amor para la historia” (2007). En esa ocasión, se acompañó de más de cien artistas en escena.

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El 2008 fue uno de “contraste”, como dicta el título de uno de sus discos. Los triunfos en el plano artístico se mezclaron con el dolor de la pérdida de su madre. Aún así, el cantante de 48 años cumplió su compromiso con sus coterráneos al presentarse a casa llena en su concierto homónimo en el Centro de Bellas Artes de San Juan. El mismo año, este destacado intérprete de salsa, mambo, bolero, guaracha y balada debutó en España, Argentina y Chile, más volvió a presentarse en Perú, Colombia, República Dominicana, Costa Rica, Guatemala, México y Estados Unidos.

Aunque ha establecido en varias ocasiones que los premios no son el motor de su música, el año 2009 llegó cargado de postulaciones y galardones. Cinco nominaciones a los Premios Lo Nuestro (álbum del año, artista masculino, artista tropical salsa y canción del año), lo convirtieron en el artista con más postulaciones ese año; un Grammy latino por mejor álbum tropical tradicional; un Premio Billboard al álbum tropical del año y la selección de Artista Tropical de la Década por la publicación especializada Billboard, fueron la cosecha de un trabajo marcado por la voluntad de apelar al sentimiento con arreglos cadenciosos, vibrantes, distintos.

En el 2009, el cantante dejó ver su rostro de empresario al inaugurar el Alquimia Bistro Club, espacio que se ha convertido en una ventana adicional para la música, la comedia y la buena mesa.

“Irrepetible” es otro acierto en la sólida trayectoria de tres décadas de Gilberto Santa Rosa quien ha forjado un estilo irrepetible que lo ha catapultado cómo favorito de varias generaciones